Antidistópica

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COLIBRÍS DE LA TRANSICIÓN ECOLÓGICA

parabola colibrí

El nombre elegido por el equipo de Sánchez para el Ministerio de Medio Ambiente es “Ministerio de Transición Ecológica”. ¡¡Bravo!! Este concepto, que aunque parece tan novedoso algunas colibrís venimos trabajando desde hace ya mucho tiempo, ha causado una enorme expectación en los medios de comunicación, lo que ha contribuido, sin duda, a que la opinión pública empiece a reflexionar sobre la urgente necesidad de realizar una transición hacia un nuevo modelo económico (que será motor de creación de miles de puestos de trabajo en la órbita del empleo verde) que contemple los límites del planeta y tenga en cuenta los impactos medioambientales, con el cambio climático como máxima expresión.

Esta imperiosa transición ecológica de la economía, constantemente torpedeada por las decisiones políticas del PP, había sido secuestrada del debate público hasta la fecha. Sin embargo, infinidad de personas y movimientos sociales, así como partidos políticos ecologistas, llevamos años empeñadas en fomentar dicha transición, conscientes de que nos va la supervivencia en ello, defendiendo la misma en la calle y proponiendo iniciativas por el bien común que favorezcan su consecución.

Desde la Plataforma por un nuevo modelo energético, movimiento social transversal y plural que aglutina a numerosas personas, organizaciones políticas, empresariales, sindicales, ecologistas… trabajamos por lograr la transición ecológica de la economía. Una de nuestras muchas reivindicaciones, la exigencia de la derogación de la nueva ley del sistema eléctrico, incluida la supresión del impuesto al sol, ley diseñada por el PP con el objetivo claro de impedir la democratización de la energía.

Llevamos años empoderando a la ciudadanía como agente necesario para el cambio, para influir en las instituciones y avanzar en esa transición. Movimientos ciudadanos imparables reclaman en municipios, plazas, ferias… un nuevo modelo económico democrático, sostenible, social y solidario. Pequeños colibrís, como el de la parábora, que han promovido múltiples iniciativas: cooperativas energéticas renovables, movimientos sociales contra la pobreza energética, encuentros entre mujeres en torno a la energía, potentes movimientos contra el fracking y antinucleares, iniciativas en el ámbito de la economía social y solidaria…

También hay una fuerte concienciación a favor de la protección de los espacios naturales y el medioambiente en general, los océanos, contra los transgénicos, a favor de la agricultura ecológica, de la economía circular, etc. La ciudadanía aspira a ser escuchada y a que sus representantes políticos les tengan en cuenta en la elaboración de las normas.

El PSOE llega ahora al Gobierno y lo hace, aparentemente, según se deduce de sus primeras declaraciones, con este mismo chip de transformación. Sin embargo, puede que lo que haya detrás de este Gobierno sea una pura cuestión de marketing, tal como se está hablando antes incluso de que hayan empezado a trabajar. Éste es el mayor miedo que yo tengo.

Vivir en Euskadi supone ser testigo del sistemático “green washing” que utiliza aquí, a todos los niveles, el PSE junto con el PNV, empeñados ambos en transmitir, desde todos los ámbitos que controlan (político, económico y comunicativo), la idea de la burbuja verde vasca, donde todo es idílico, todo funciona perfectamente, no hay corrupción político-empresarial y no hay ninguna necesidad, ni económica, ni social, ni medioambiental sin cubrir. Son expertos manipuladores, tergiversan los términos y son malabaristas de las palabras, puro marketing, pura eco-cosmética, puro engaño. Ejemplos, a patadas: a) llaman “complejo medioambiental” a una incineradora de residuos con sus instalaciones y vertederos anexos en Zubieta (Gipuzkoa); b) utilizan el término “presupuestos participativos” para referirse a una simple votación entre propuestas de la ciudadanía, sin dar opción a explicar, a debatir, a consensuar, sin establecer criterios de justicia social y ambiental, sin seguir, en definitiva, un verdadero procedimiento de presupuestos participativos; c) privatizan servicios municipales dándoselos a empresas cercanas en las que la precariedad laboral es la norma; d) promueven macrocomplejos comerciales (Belartza II, Zaldunborda, ampliación de Garbera…), hiriendo de muerte al pequeño comercio y fomentando un modelo de consumo insostenible; e) Utilizan lemas, repetidos hasta la saciedad en los medios que tan bien (también) controlan, (Pertsonak helburu, Euskadi bien común…) mientras establecen políticas que van justamente en el sentido contrario (enpresak helburu, Euskadi bien de unos pocos…); f) Emplean el novedoso término Bio-economía para referirse a la mercantilización de los bosques … y así podríamos llegar hasta la z).

En el ámbito estatal, el PSOE de Sánchez nos ofrece un renovado Gobierno de “acción”, en el que figura la nueva Ministra de Transición Ecológica Teresa Ribera. Estaremos atentas a sus hechos y actuaciones. Ciertas decisiones, como son las autorizaciones ambientales que otorgó al almacén de gas del Cástor de Florentino Pérez y el almacén de gas en Doñana, sin las que no hubieran podido ser una realidad, manchan su curriculum y nos hacen desconfiar, pues no fueron precisamente en la línea de fomentar la transición ecológica de la economía. Espero que se haya reciclado y evolucione en esta nueva etapa como Ministra. De lo contrario, no estaremos hablando de la misma transición ecológica estas pequeñas colibrís y volveremos a hablar nuevamente de eco-cosmética.

Y es que, por desgracia, ya estamos curadas de espanto, hartas de ver cómo siempre hay dos caras en la ecología, la cara y la cruz. Cuesta confiar, pues ya han sido muchas las decepciones. Queremos hechos, no palabras. Una transición ecológica de verdad pasa por descartar este tipo de proyectos e inversiones faraónicas, que requieren ingentes cantidades de dinero público, perpetúan nuestra dependencia de las fuentes fósiles, nos hipotecan económicamente durante décadas y agravan el cambio climático. Se fomenta, además, un modelo empresarial oligopólico antisocial y que no permite destinar los recursos económicos necesarios para establecer las verdaderas políticas que nos lleven a la transición ecológica real necesaria y soñada por la ciudadanía.